La tercerización en la industria portuaria chilena
Andres Rengifo B.
Hace pocas semanas falleció Peter Drucker, uno de los principales autores que teorizó sobre la administración moderna o management, en uno de sus artículos clásicos, en 1993, predice que las empresas en unos diez años tercerizaran todo el trabajo que no este entre sus principales competencias profesionales, es decir, en aquellas que desarrollan alta dirección y expresa textualmente “Para obtener productividad, se tienen que tercerizar las actividades que tienen su propia alta dirección. Créanme, la tendencia hacia la tercerización tiene muy poco que ver con economizar, pero si mucho que ver con la calidad “.
Notable paradigma, que en el caso de la industria portuaria chilena se ha cumplido parcialmente, ya que hemos avanzado fuertemente en tercerizar las funciones que no son el core business de nuestras actividades empresariales, pero principalmente se ha centrado en la disminución de costos de planilla, mas que en la agregación de valor con la incorporación de alta dirección especializada.
Para explicar analógicamente este fenómeno en forma practica, tomemos como ejemplo los servicios de vigilancia de nuestros puertos. Allí todos saben la importancia de la vigilancia de los recintos portuarios, pero los ejecutivos y los gerentes de las distintas compañías nunca van a estar preocupados de cómo se vigilan los rincones, eso no es parte de su sistema de valores. Por lo cual, una empresa especializada en servicios de vigilancia, es más apropiada para cumplir con los estándares establecidos por el código ISPS.
La empresa de servicios de vigilancia podría especializar a su personal en los conceptos que involucra esta normativa, generando capacitación ad hoc, estableciendo programas de mejoramiento continuo, desarrollando procedimientos de mayor eficiencia y cobertura, manteniendo un dialogo técnico, fluido y transparente con los organismos especializados encargados del tema, como DIRECTEMAR, generando una cultura de safety industrial en conjunto con security. En definitiva agregando valor y productividad con una alta dirección especializada, pero debemos hacernos la pregunta ¿ es ese el foco que han tenido nuestras empresas para tercerizar esos servicios o nos hemos centrado en el costo de nuestras planillas?. Pareciera ser que más de lo ultimo.
En el estudio “Reestructuración sectorial y cambios en las pautas de la demanda laboral” de Andreas Raithelhuber y Jürgen Weller (CEPAL, Julio 2005) se analiza en profundidad los impactos que ha tenido la modernización de la industria portuaria chilena en el mercado laboral y sobre todo la incorporación del cambio tecnológico y organizacional en el sistema portuario. Si bien son discutibles las conclusiones en torno al impacto de las reformas para el beneficio del país, los datos aportados nos demuestran que “ se observa una creciente polarización de la fuerza laboral portuaria, con un grupo relativamente pequeño de trabajadores altamente calificados y crecientemente polivalentes en la cima de la estructura ocupacional y un segmento creciente de trabajadores temporales, con un nivel relativamente bajo de calificación en su base”
“La relevancia de las diferencias de la estructura organizativa se observa también en la distribución del trabajo disponible y, en consecuencia, de los ingresos: Mientras en sistemas mixtos (monoperador y multioperadores) se observa un creciente subempleo (numero decreciente de turnos por trabajador) y, por lo tanto, una caída de los ingresos medios, los datos sobre el trabajador portuario organizado por un monoperador reflejan tendencias más favorables. Al mismo tiempo, la reestructuración del sector estuvo asociada a mayores esfuerzos de capacitación, concentrados en el personal ya más calificado y en las empresas que son monoperadores en un puerto concesionado”.
Estos datos demuestran que el objetivo de generar empleo de mayor calidad se logra por parte de la reforma portuaria en los trabajadores permanentes de los terminales concesionados, pero existe un efecto no deseado de precariedad y aumento del subempleo, en los trabajadores eventuales, que no es buena carta de presentación de nuestra industria y genera inestabilidad laboral, que atenta contra el servicio continuo portuario que requiere nuestra economía, de marcada vocación exportadora.
Las empresas de estiba no deben reproducir la estructura de empresas del “hombre del maletín” que tan nefastos recuerdos dejaron en la anterior reforma portuaria de 1981 y concentrarse en empresas de servicios portuarios integrales, que establezca altos niveles de prestaciones y trabajadores fuertemente motivados y dignificados en su labor.
Por otra parte la tercerización debe mejorar también en términos de prevención de costos no esperados por parte de las empresas contratantes, en tanto se generan incrementos de acciones judiciales de trabajadores, que ejercen el derecho a recurrir a la responsabilidad subsidiaria de las en que realizaron sus labores además de su empleador. Pareciera ser necesario establecer sistemas de seguros sobre los principales eventos, tales como fueros maternales, sindicales y accidentes del trabajo.
En definitiva el desafío de la industria portuaria chilena, en estos temas laborales, es reencausar la tercerización en el sentido de servicios que agreguen valor, más que el reemplazar puestos de trabajo con solo un menor costo económico, centrándonos en las competencias como lo plantea Peter Drucker.
Publicado en Revista Maritimo Portuaria
Andres Rengifo B.
Hace pocas semanas falleció Peter Drucker, uno de los principales autores que teorizó sobre la administración moderna o management, en uno de sus artículos clásicos, en 1993, predice que las empresas en unos diez años tercerizaran todo el trabajo que no este entre sus principales competencias profesionales, es decir, en aquellas que desarrollan alta dirección y expresa textualmente “Para obtener productividad, se tienen que tercerizar las actividades que tienen su propia alta dirección. Créanme, la tendencia hacia la tercerización tiene muy poco que ver con economizar, pero si mucho que ver con la calidad “.
Notable paradigma, que en el caso de la industria portuaria chilena se ha cumplido parcialmente, ya que hemos avanzado fuertemente en tercerizar las funciones que no son el core business de nuestras actividades empresariales, pero principalmente se ha centrado en la disminución de costos de planilla, mas que en la agregación de valor con la incorporación de alta dirección especializada.
Para explicar analógicamente este fenómeno en forma practica, tomemos como ejemplo los servicios de vigilancia de nuestros puertos. Allí todos saben la importancia de la vigilancia de los recintos portuarios, pero los ejecutivos y los gerentes de las distintas compañías nunca van a estar preocupados de cómo se vigilan los rincones, eso no es parte de su sistema de valores. Por lo cual, una empresa especializada en servicios de vigilancia, es más apropiada para cumplir con los estándares establecidos por el código ISPS.
La empresa de servicios de vigilancia podría especializar a su personal en los conceptos que involucra esta normativa, generando capacitación ad hoc, estableciendo programas de mejoramiento continuo, desarrollando procedimientos de mayor eficiencia y cobertura, manteniendo un dialogo técnico, fluido y transparente con los organismos especializados encargados del tema, como DIRECTEMAR, generando una cultura de safety industrial en conjunto con security. En definitiva agregando valor y productividad con una alta dirección especializada, pero debemos hacernos la pregunta ¿ es ese el foco que han tenido nuestras empresas para tercerizar esos servicios o nos hemos centrado en el costo de nuestras planillas?. Pareciera ser que más de lo ultimo.
En el estudio “Reestructuración sectorial y cambios en las pautas de la demanda laboral” de Andreas Raithelhuber y Jürgen Weller (CEPAL, Julio 2005) se analiza en profundidad los impactos que ha tenido la modernización de la industria portuaria chilena en el mercado laboral y sobre todo la incorporación del cambio tecnológico y organizacional en el sistema portuario. Si bien son discutibles las conclusiones en torno al impacto de las reformas para el beneficio del país, los datos aportados nos demuestran que “ se observa una creciente polarización de la fuerza laboral portuaria, con un grupo relativamente pequeño de trabajadores altamente calificados y crecientemente polivalentes en la cima de la estructura ocupacional y un segmento creciente de trabajadores temporales, con un nivel relativamente bajo de calificación en su base”
“La relevancia de las diferencias de la estructura organizativa se observa también en la distribución del trabajo disponible y, en consecuencia, de los ingresos: Mientras en sistemas mixtos (monoperador y multioperadores) se observa un creciente subempleo (numero decreciente de turnos por trabajador) y, por lo tanto, una caída de los ingresos medios, los datos sobre el trabajador portuario organizado por un monoperador reflejan tendencias más favorables. Al mismo tiempo, la reestructuración del sector estuvo asociada a mayores esfuerzos de capacitación, concentrados en el personal ya más calificado y en las empresas que son monoperadores en un puerto concesionado”.
Estos datos demuestran que el objetivo de generar empleo de mayor calidad se logra por parte de la reforma portuaria en los trabajadores permanentes de los terminales concesionados, pero existe un efecto no deseado de precariedad y aumento del subempleo, en los trabajadores eventuales, que no es buena carta de presentación de nuestra industria y genera inestabilidad laboral, que atenta contra el servicio continuo portuario que requiere nuestra economía, de marcada vocación exportadora.
Las empresas de estiba no deben reproducir la estructura de empresas del “hombre del maletín” que tan nefastos recuerdos dejaron en la anterior reforma portuaria de 1981 y concentrarse en empresas de servicios portuarios integrales, que establezca altos niveles de prestaciones y trabajadores fuertemente motivados y dignificados en su labor.
Por otra parte la tercerización debe mejorar también en términos de prevención de costos no esperados por parte de las empresas contratantes, en tanto se generan incrementos de acciones judiciales de trabajadores, que ejercen el derecho a recurrir a la responsabilidad subsidiaria de las en que realizaron sus labores además de su empleador. Pareciera ser necesario establecer sistemas de seguros sobre los principales eventos, tales como fueros maternales, sindicales y accidentes del trabajo.
En definitiva el desafío de la industria portuaria chilena, en estos temas laborales, es reencausar la tercerización en el sentido de servicios que agreguen valor, más que el reemplazar puestos de trabajo con solo un menor costo económico, centrándonos en las competencias como lo plantea Peter Drucker.

